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Y ahora, ¿quién paga la fiesta?

BocaDePez
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'La fiesta ha terminado', decía la Presidenta del Congreso de EEUU al presentar el primer Plan de la Reserva Federal. Lo que ocurre es que los que comieron los canapés dejaron sin pagar la factura. El problema no es pequeño, porque dadas las características del sistema financiero, pagar la vajilla que rompieron otros es una injusticia y un mal ejemplo; dejar de pagarla, impedirá comer durante mucho tiempo a millones de familias.

Ese es el nudo gordiano que ha elevado la indignación, hasta ahora sorda, de mucha gente que es consciente de que va a pagar lo que han causado un puñado de desaprensivos, con los poderes públicos haciendo la vista gorda, pero que no pagarlo es peor solución. El dilema se traduce en un escepticismo, en una pérdida multiplicada de credibilidad en el sistema, que provoca el hundimiento de los mercados, sean cuales sean las medidas que adopten los gobiernos.

En el fondo existe la idea de que unos se lo han llevado crudo y lo que es peor, que lo que a partir de ahora se ponga a su servicio, para salir de la crisis, se lo van a seguir llevando. Las francachelas millonarias de directivos de AIG o Fortis, o los cobros de indemnizaciones blindadas por algunos directivos tras su intervención por los Gobiernos refuerzan esa impresión.

Reestablecer la jerarquía de lo público
Recuperar la credibilidad requerirá reestablecer la jerarquía de lo público, la autoridad para que los causantes del desastre no se vayan de rositas, la capacidad de regular e intervenir frente a los abusos, la posibilidad de disponer recursos públicos y aplicarlos con justicia social, es decir poner la política al servicio de los intereses generales, al servicio de la ciudadanía, lo que no es fácil tras décadas de ofensiva ideológica y práctica política conservadoras, predicando las bondades del mercado libérrimo y los males de la intervención pública que, en la práctica, se tradujo en poner lo público al servicio de unos pocos, como mostró de forma descarnada la guerra y postguerra de Irak. Así, el ciudadano medio tiembla cuando oye a los próceres del "nuevo" capitalismo hablar de intervención del Estado.

Pero no nos engañemos, para salir de esta situación, de una forma u otra, tocará arrimar el hombro a los de siempre y se trata de hacerlo repartiendo las cargas con la mayor justicia posible y sentando las bases para que lo sucedido no se repita. Nadie cree que los ciudadanos no vayan a pagar nada en esta situación y con el volumen de recursos necesarios para abordarla o se incrementan los ingresos públicos o se recortarán fuertemente los gastos.

Pero en esta etapa unos pocos se han lucrado mucho, otros han mejorado, pero lo mayoría sigue igual y una parte importante igual de mal que siempre y no será ni justo ni eficiente que los únicos que paguen sean estos últimos. La razón de justicia se explica sola, la de eficiencia, en un caso como el español, radica en que los menos favorecidos viajan menos al extranjero y no compran coches ni artículos de lujo importados, es decir consumen pero no lastran el déficit exterior.

Además, dado el deterioro y la pérdida de confianza en las alternativas de ahorro privado la tendencia al gasto entre los sectores con mayor capacidad adquisitiva no es fácil que se resienta y será más fácil que el proceso de ahorro e inversión se aborde desde lo público, por lo que incrementar los ingresos públicos, con criterios de justicia social y eficiencia sería preferible a reducir los gastos.

Volver los ojos a la economía real
El comportamiento irracional del sistema financiero en estos años, que valoraba algo tan intangible como las expectativas infinitamente más que la capacidad de las empresas para satisfacer necesidades, ha dado paso ahora a una reacción no menos irracional, en la que el pánico desploma los valores, independientemente de lo que tengan detrás.

Es obvio que en economías tan complejas como las actuales es imposible funcionar sin sistemas financieros sólidos, pero es más obvio que lo que responde a las necesidades de las poblaciones no son unos papeles a los que llamamos dinero, sino los bienes y servicios que podemos comprar con ellos.

No es una cuestión menor, porque la humanidad dispone de una agricultura más productiva y con más capacidad de alimentar a la población, más y mejor tecnología, mayor capacidad de producir energía, productos industriales y servicios mejores y más baratos que nunca. Dispone de la mayor y mejor cualificada mano de obra de la historia. Sería paradójico que con capacidad para alimentar, vestir, calentar, atender y educar mejor que nunca, se incrementen exponencialmente el hambre, las privaciones y la enfermedad, es decir la miseria, también en el mundo desarrollado.

No es sólo una contradicción entre capital y trabajo, también lo es del propio capital, porque los que han hecho sus tareas bien, ven como sus actividades se resienten o pueden arruinarse por culpa de otros.
Por eso hay que cambiar la visión económica y donde hasta ahora ha prevalecido la sinrazón financiera volver la vista, dedicar la política a la economía real.

Se trata de preservar la protección social sin la cual, el incremento del desempleo puede hundir la demanda interna, de que se destinen recursos a sostener y desarrollar los sectores productivos, de que los recursos que se destinen a sanear y sostener los sistemas financieros tengan contrapartidas en regulaciones de mayor control y en participación en el capital y las decisiones de las entidades que los reciban, para que en el futuro el sector financiero esté al servicio de la economía real y no a la inversa como hasta ahora.

Evidentemente la crisis requiere respuestas globales, pero Europa, la zona Euro, es un ámbito imprescindible para hacerlo, porque si no lo hace lo pagará, y mucho más, tarde o temprano.
xavisuper

¿Eres Andrés Gómez, Secretario confederal de Administración, Finanzas y Servicios de CC.OO.? Porque si no es así, habría sido un detalle por tu parte citar al autor del escrito, por respeto más que nada.

terminus77

No tengas ninguna duda de que lo vamos a pagar tu y yo...

(link roto)

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BocaDePez
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Ya llego el iluminao

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BocaDePez
BocaDePez

Ya llegó el iluminao que sabe que el iluminao es un iluminao.