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PARA REFLEXIONAR UN POCO

Mocos

Agustín vaga por la plaza de Tirso de Molina pasadas las dos de la tarde. Cerveza en mano, busca las zonas de mayor sol. «Está haciendo mucho frío esta semana», se excusa. «Llevo despierto desde las seis, y me acosté pasadas las dos de la madrugada», explica. A las siete y media terminó de «hacer la cama», esto es: guardar el viejo colchón y los cartones «en un lugar secreto», y seco, para que nadie se los arrebate, y fue caminando, «sin prisas, que tengo todo el día», hacia el comedor de una congregación religiosa en la plaza de Jacinto Benavente.
«Dan bien de desayunar y, si tienes suerte, puedes lavarte un poco», explica. «No siempre he estado así». Su historia se remonta a quince años atrás, con 27, cuando su empresa quebró y Agustín se vio «en la puñetera calle». A su lado, borracho y sin apenas dientes, un compañero de fatigas se burla del protagonista de esta historia. «Yo tengo casa», dice, mientras hace tintinear un desgajado llavero.
Al margen de los albergues
«En Madrid vivimos miles de gente sin hogar», afirma Agustín. De hecho, el 45,6%, según Cáritas, se aloja al margen de la red asistencial, en pisos ocupados, parques, jardines o «alojamientos de fortuna». Esto es, el caso de Agustín: en lugares a resguardo del frío, con cartones y, si hay suerte, un raído colchón.
Treinta mil personas, según cifras de Cáritas, viven en la calle en España. Son los «sin techo», las personas sin hogar, «los cartoneros», como les llaman algunos vecinos y empresarios de la zona del Rastro de Madrid. Desde hace algunos años, el perfil de estas personas ha cambiado. Ya no son españoles de mediana edad, mayoritariamente varones que se encuentran en la calle tras perder el trabajo o la pareja.
Los últimos informes señalan que el 29,9% de las personas que viven en la calle tienen entre 18 y 30 años, y muchos de ellos son mujeres. Además, el 48,2%, casi la mitad, son extranjeros que, demasiado a menudo, sufren conatos de violencia por parte de los «sin techo» españoles. «Hay pocas camas, pocos albergues, y encima vienen de fuera a quitarnos la miseria que nos da el Estado», se queja Joaquín, que lleva diez años en la calle y que luce en la solapa, «con orgullo», una insignia neonazi.
Porque Joaquín, cuando era joven «y una persona normal», salía por las noches con un grupo de amigos para «asustar a los inmigrantes que dormían en la calle». En grupos de 15, iban «de caza» por las calles del centro de Madrid. «Sólo pegaba uno, el resto mirábamos». Ahora, cuando es él quien se encuentra sin hogar, reconoce haber vivido situaciones de riesgo «por dormir a la intemperie». Según denuncian las ONG, durante 2006 murieron 85 «sin techo», 20 de ellos por agresiones y palizas.
La gran mayoría de los «sin techo» han perdido todo contacto con su familia, que en el 72% de los casos fue el último punto de unión con la sociedad antes de lanzarse a la calle. La falta de dinero y la muerte de algún miembro de la familia son causas fundamentales que han dado origen a su situación.
Sanidad para todos
Con motivo del Día de los Sin Techo, Cáritas denunció las dificultades que estas personas tienen para acceder al Sistema Nacional de Salud. Más de la mitad de ellas reciben una cobertura sanitaria deficiente, y eso que padecen hasta 50 veces más enfermedades que el resto de la población. Además, su esperanza media de vida es hasta 20 años menor que la del resto.
Cuando se hace de noche, Agustín se retira hacia su rincón secreto. Es viernes, y las luces de Navidad ya están encendidas. «Pero debo portarme muy mal, porque hace años que no veo a los Reyes Magos», se despide, entre risas, mientras se pierde entre las calles del Rastro de Madrid. A dormir, o a intentarlo. En la puñetera calle.

Este tema está cerrado a nuevas respuestas. Abre un nuevo tema para retomar la conversación.
Bilbokoa

¿Para eso necesita España tanto inmigrante, para que ya la mitad de los sin techo del país sean extranjeros?

Si eso es así ahora, creciendo, ¿que pasará cuando venga la recesión?

Ahora va a resultar que, como siempre, somos nosotros los que tenemos la culpa de que alguien de Ecuadro esté durmiendo entre cartones en las calles de Madrid.

No veo a ningún ministro sudamericano en España interesándose por estas personas, pero bien que motaron el circo por la agresión a la chica ecuatoriana en un tren de Barcelona.

Aqui no se hace más que repetir y repetir que hayq ue traer más y más inmigrantes cuando hay cerca de 20.000 de ellos que duermen en las calles.

Pero la culpa la tenemos nosotros, los ciudadanos, claro, como siempre, y las ONG de turno nos apuntan con el dedo a nosotros, como siempre. Y enciam di algo en contra de todo este sistema progre-buenrollista montando a imagen y semenjanza de su gran gurú, ZP, que automáticamente, tienes estampado en tu frente la palabra mágica que resuelve todos los problemas: racista.

Que apelen a los paises de origen, que ya vemos como están, lenos de populistas, peqwueños dictadorzuelos llegados al poder por la vida legal, y compitiendo entre ellos para ver quien se convierte en el Fidel Castro del siglo XXI.

En ese texto no se dice que la mayoria de estas personas rechazan dormir en alguerges, auqnue haya camas, y ponen todo tipo de absurdas y estúpidas excusas, y prefiren dormir a la intemperie. ¿Qué hacemos?

Ale, sigamos con la docrtina oficialista, sigamos con el eterno discurso de siempre.

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Mocos

Esta seria una reflexion pero hay algunas mas; a mi la que mas me llama la atencion quizas sea que esta situacion por la que pasa Agustín nos puede tocar vivirla cualquier dia a nosotros; o lo que es lo mismo que como al nazi que propinaba palizas a mendigos nos puede ocurrir que por circustancias de la vida tengamos que cambiar de bando y entonces nos toque recibirlas.

Moraleja: no pisotees al que está en el suelo porque no olvides que se puede levantar y tirarte.