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PICARDIAS en la PANDERETA: En España, una ley en tramitación limita la responsabilidad civil por daños nucleares a

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PICARDIAS en la PANDERETA: En España, una ley en tramitación limita la responsabilidad civil por daños nucleares a 1.200 max.

Este pago no cubrirá la factura del accidente para Tepco. JP Morgan estimó que, de aquí a fin de año, Tepco recibirá reclamaciones de hasta 15.000 millones de dólares. Sin embargo, un convenio internacional limita los daños a cubrir por las nucleares en caso de accidente. Las aseguradoras se niegan a cubrir todos los posibles perjuicios, porque el daño potencial es tan grande que un accidente las haría quebrar. En España, por ejemplo, una ley en tramitación limita la responsabilidad civil por daños nucleares a 1.200 millones como máximo.

¿que, mola mazo verdad? Ni para empezar...

QUE LAS CIERREN TODAS. h´s de put@´s

Imagen original en http://www.kaosenlared.net/img2/177/177155_Nuclear_Blast_Posters.jpg
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Aumenta radiactividad en el mar de Japón, probables nuevas fugas

Los expertos están tratando de averiguar si el aumento en los niveles de contaminación obedece a nuevas fugas en el reactor dañado. Así se manipula la información y se pierde tiempo vital.

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El desastre nuclear de Fukushima ya no ocupa portadas de los mass media, pero sigue adelante. Ahora las mediciones de radiación en el mar del Japón han aumentado y los científicos dicen que se deberá averiguar si este aumento corresponde a nuevas filtraciones radiactivas.
Este manejo surrealista y canalla de la información solo beneficia a las empresas y va en detrimento de la salud de cientos de miles de personas.

Así daban las agencias la información:

Los niveles de radiación aumentaron considerablemente en el agua de mar cercana a la averiada planta nuclear de Fukushima, una posible señal de que hay nuevas fugas en sus instalaciones, informó el sábado el gobierno.

El anuncio se dio poco después que un sismo de magnitud 5.9 sacudió Japón el sábado. Horas antes, la agencia de seguridad nuclear del país ordenó a los operadores de plantas que actualizaran sus sistemas de seguridad contra sismos con el fin de evitar que ocurra de nuevo una crisis como la que se vive en la región al norte de Tokio.

No hubo reportes iniciales sobre daños que hayan sido provocados por la réplica de una magnitud de 5.9 ni riesgo de un maremoto similar al que dañó la planta nuclear Fukushima Daiichi el mes pasado y causó el peor desastre nuclear en la historia del país. Japón ha sido golpeado por una serie de pequeñas réplicas desde que el de magnitud 9.0 sacudió al país el 11 de marzo.

Desde que el maremoto inundó la planta de Fukushima y averió todos los sistemas de refrigeración de los cátodos, las cuadrillas de emergencia han empleado ingentes cantidades de agua para enfriar los recalentados reactores. Parte del agua, contaminada con radiación, escapó al Pacífico. Los directivos de la central nuclear dijeron que contuvieron la fuga el 5 de abril y que los niveles de radiación en el mar han descendido.

Empero, el gobierno dijo el sábado que la radiactividad en el mar volvió a aumentar en los últimos días. El nivel del yodo1 radiactivo subió a 6 mil 500 veces el límite legal, según las muestras tomadas el viernes, frente a mil 100 veces en las muestras tomadas el día anterior. Los niveles de cesio4 y cesio7 se multiplicaron por cuatro. Empero, esos niveles siguen siendo muy inferiores a los registrados a principios de mes antes de que fuera contenida la fuga inicial.

El nuevo aumento de la radiactividad podría haber sido causado por la instalación el viernes de las mamparas de acero para contener la radiación y que podrían haber revuelto temporalmente los residuos y basuras en el área, dijo a los reporteros Hidehiko Nishiyama, de la Agencia de Serguridad Nuclear e Industrial. Empero, el aumento del yodo1, que tiene una vida media relativamente corta de 8 días, podría indicar la posibilidad de una nueva fuga, agregó.

''Queremos determinar el origen y contener la fuga, aunque debo reconocer que es difícil localizarla'', agregó.

Las autoridades han insistido que la radiactividad se disipará y que no plantea un peligro inmediato para la fauna marina o las personas que la consuman. la mayoría de los entendidos concuerdan con esa opinión.

Empero, los trabajadores de la planta comenzaron a arrojar el sábado al mar sacos de arena llenas de zeolita, un mineral que absorbe el cesio radiactivo para combatir las fugas.

Mientras tanto, el periódico Asahi Shimbun reportó -sin citar fuentes- que un plan secreto para desmantelar la empresa Tokyo Electric Power Co., que administra la planta nuclear de Fukushima, circula dentro del gobierno.

La propuesta hace un llamado para poner a TEPCO, la empresa privada de energía más grande del mundo, bajo supervisión gubernamental antes de declararla en bancarrota y reestructurar sus activos.

Ante la ola de la crisis nuclear, el gobierno ordenó a los operadores de 13 plantas nucleares que revisen y mejoren el tendido eléctrico exterior para evitar cortes de energía ocasionados por sismos que pudieran provocar la falla de los sistemas de seguridad, como ocurrió en Fukushima.


El cisne negro nuclear
MARCEL CODERCHHasta bien entrado el siglo XVII, en Europa se utilizaba la expresión "cisne negro" cuando alguien quería referirse a una imposibilidad lógica o física, basándose en la creencia generalizada de que todos los cisnes eran blancos. En 1697, sin embargo, un explorador holandés descubrió que en Australia había cisnes negros y esta expresión, recientemente popularizada por el filósofo y financiero de origen libanés Nassim Nicholas Taleb, pasó a utilizarse para calificar cualquier idea o acontecimiento que durante mucho tiempo había sido tenido poco menos que por imposible pero que de repente un día se materializa. La teoría del cisne negro de Taleb se aplica pues a acontecimientos inesperados, que quedan fuera de las expectativas normales, ya sea en el ámbito científico, histórico, financiero o tecnológico, y que tienen un enorme impacto porque trastocan ideas básicas del tan admirado como discutible sentido común.

La tesis del libro de Taleb (El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, Paidós, 2008) es que las consecuencias de estos acontecimientos muy poco probables son enormes; que por lo general están infravaloradas; y que, en realidad, no son tan improbables como pensamos, ya que al tratarse de acontecimientos poco comunes no disponemos de suficientes observaciones para estimar su probabilidad con cierta precisión. También nos explica Taleb que los humanos hemos desarrollado mecanismos psicológicos de defensa frente a la incertidumbre que sesgan nuestro raciocinio, haciendo que evitemos imaginar y prever aquello que no deseamos que ocurra. Todo ello nos aleja de la racionalidad a la hora de entender, prever y actuar en relación a estos fenómenos. Sería difícil encontrar un ejemplo actual más apropiado de lo que es un cisne negro que el del desastre nuclear de Fukushima.

De siempre hemos sabido que la tecnología nuclear es intrínsecamente peligrosa porque supone la generación de enormes cantidades de elementos radiactivos que la naturaleza se había encargado de ir desintegrando a lo largo de centenares de millones de años. Cuando surgió la especie humana ya solo quedaban en el planeta unos pocos elementos radiactivos de larga vida, como el uranio 235, que siguen calentando el subsuelo y cuyas radiaciones llegan a la superficie en forma de una pequeña radiactividad ambiental inevitable. Con el desarrollo de la energía nuclear, sin embargo, lo que hacemos es concentrar en un reactor este remanente de radiactividad de forma que, además de energía, generamos todo tipo de elementos altamente radiactivos que ya no existían en la naturaleza y que se mantendrán radiotóxicos durante decenas de miles de años. Si todo va bien, son lo que denominamos "residuos nucleares", a los que todavía no hemos encontrado acomodo; y si las cosas se tuercen, como ocurrió en Chernóbil y ahora en Fukushima, los desperdigamos por la atmósfera, el mar, la tierra y las aguas subterráneas, incrementando de esta forma y hasta niveles muy peligrosos la radiactividad ambiental.

Fue precisamente uno de los padres de la energía nuclear, el físico italiano Enrico Fermi, quien primero expresó sus dudas al dejar dicho que "al producir energía con la fisión nuclear estamos creando radiactividad a una escala sin precedentes y de la que no tenemos experiencia alguna, por lo que veremos si la sociedad aceptará una tecnología que produce tanta radiactividad". Durante mucho tiempo, los partidarios de esta tecnología han intentado convencernos de que debemos aceptarla en virtud de lo que Alvin Weinberg, otro de sus padres, llamó "el pacto fáustico nuclear": la promesa de un futuro con energía barata y abundante a cambio de un riesgo radiactivo asumible. Y para que aceptáramos el pacto, nos aseguraron que construirían las centrales nucleares de forma que no sufriríamos las peores consecuencias de su radiactividad. Incluso se atrevieron a cuantificar esta seguridad, afirmando que la probabilidad de un accidente grave, con fusión del núcleo y liberación radiactiva al exterior, como en Fukushima, sería de un accidente cada 100.000 años-reactor; o lo que es lo mismo, uno cada 200 años para un parque mundial de reactores similar al actual, o cada 100 años si lo dobláramos. Cuando los accidentes fueron sucediéndose con una frecuencia muy superior, las explicaciones eran cada vez más sofisticadas pero la conclusión siempre era la misma: hemos aprendido la lección y no volverá a suceder. Un claro ejemplo de lo que Taleb llama la falacia narrativa, una interpretación retrospectiva del cisne negro vivido que supuestamente reduce incertidumbres futuras. De hecho, hasta hace bien poco nos aseguraban que "otro Chernóbil es imposible" porque, decían, aquello fue consecuencia de una tecnología anticuada y de un sistema político y económico fallido. Y sin embargo está ocurriendo, a cámara lenta, en Japón, hasta hace poco la segunda economía mundial, y con tecnología norteamericana. Aquello que no podía ocurrir ha ocurrido, violando una vez más el pacto fáustico nuclear.

Pero es que, además, tampoco se ha cumplido la segunda parte de este pacto: la energía nuclear ni es abundante ni es barata, y menos va a serlo después de Fukushima. Hoy se concentra en cinco o seis países que representan más del 75% de una producción nuclear mundial que cubre menos del 3% de la energía final que consume la humanidad, y no parece que la situación vaya a cambiar mucho en las próximas décadas. Y en el aspecto económico, las recientes construcciones de Olkiluoto en Finlandia y de Flamanville en Francia no hacen sino repetir la experiencia del primer ciclo de construcciones nucleares: la incapacidad de la industria nuclear de cumplir con sus plazos y presupuestos. Por si fuera poco, las nuevas exigencias que se derivarán de lo ocurrido en Japón incrementarán de nuevo los costes, y muy probablemente pongan en cuestión el alargamiento de la vida de muchas centrales actuales; una prolongación por otra parte imprescindible si se quiere evitar el declive precipitado e irreversible de la energía nuclear.

La Unión Europea ha anunciado que va a recomendar la realización de pruebas de resistencia en todas las centrales europeas para determinar cuáles de ellas podrían resistir una agresión como la sufrida por los reactores de Fukushima, y clausurar las que no satisfagan los nuevos requisitos de seguridad. Está por ver cuáles serán estos nuevos requisitos, pero la propuesta francesa de excluir de estas pruebas las amenazas derivadas de actos terroristas y ataques aéreos a lo 11-S no parece razonable, ya que de lo que se trata es de que las centrales puedan sobrevivir a cualquier incidente que las prive de suministro eléctrico externo, puesto que esa ha sido la circunstancia que ha desencadenado el grave accidente de Fukushima. Claro está que el llamado station blackout no forma parte de los sucesos contemplados en el diseño base de ninguna de las centrales actualmente en funcionamiento, y que prepararlas para tal eventualidad puede suponer inversiones muy importantes, algo que al parecer los franceses quieren evitar por la cuenta que les trae.

Las promesas de energía nuclear abundante, barata y segura quedan hoy más lejanas que nunca, al tiempo que vamos conociendo la realidad de las consecuencias personales, económicas y medioambientales de un accidente grave en un país industrializado, todo lo cual invalida ambas contrapartidas del pacto fáustico que nos propuso Alvin Weinberg. De hecho, los hay que nunca creyeron las promesas de la industria nuclear y, entre ellos, en lugar prominente, están quienes precisamente son especialistas en valorar riesgos: las compañías de seguros. Siempre se han negado a cubrir la responsabilidad civil de una central nuclear, con lo que nos hemos visto obligados a promulgar leyes que eximen a las eléctricas de esta responsabilidad, más allá de cantidades que, como podremos comprobar en Japón, son simbólicas. A las compañías de seguros no les gustan las nucleares y es fácil comprobarlo leyendo cualquier póliza que tengan a mano. Verán que la letra pequeña dice: "Excluidos los riesgos por accidentes nucleares". Las consecuencias de los cisnes negros nucleares las tendremos pues que pagar de nuestros bolsillos o, lo que es peor, con nuestra salud, y por ello ha llegado el momento de hacerle caso al comisario europeo de la Energía, Günther Ottinger, y plantearnos cómo Europa podría cubrir sus necesidades energéticas futuras sin contar con la energía nuclear. No ya solo porque así lo prefiramos muchos, sino porque probablemente no tengamos más remedio.

Marcel Coderch, ingeniero, es autor con Núria Almirón de El espejismo nuclear. Los libros del lince, 2008.

Más información:Derechos HumanosEcologíaInternacional

saben la ultima ?

Si pasa en la pandereta, NI SIQUIERA PAGARIAN, tienen un tope de 1200 millones €.